El Psicópata: La Persona Causante de un Tremendo Daño
Nos hacemos eco aquí del siguiente artículo, debido a que hay datos claves de GRAN importancia porque ponen al descubierto al tipo de persona causante de un tremendo daño en la sociedad y para el propósito de nuestros fines en CCDH: causante inicial (y continuado) del daño en el caso de abuso psiquiátrico. Trataremos en próximas publicaciones este importantísimo tema, concretándolo más hacia nuestro campo de investigación. No obstante para ir centrando el tema pondremos en tipo cita los aspectos más importantes de este árticulo que hemos considerado a tener en cuenta de cara a la protección futura de las personas y así de la sociedad para nuestros fines de los Derechos Humanos en el campo de la Salud Mental.
A SUS ÓRDENES, SEÑOR PSICÓPATA
Artículo publicado por el periodista Jose Ángel González en 20min.es/noticia…
“según cálculos conservadores, en España hay entre medio y un millón (más o menos entre el 1 y el 2% de la población).
“Porque yo lo digo”. Para Bernard Madoff la frase no era una coletilla. La sentía como una prolongación orgánica, una verdad última. En las cuatro palabras, tantas veces escuchadas por cualquiera desde la infancia como exégesis para un ordeno y mando del peor paternalismo, no hay una sola que tenga color, música. “Porque yo lo digo”. Palabras grises pero concluyentes, munición de alto calibre.“Usted y su dolor les importan un pimiento”
Aunque no existen registros sobre el número de personas que pertenecen al apparátchik político español –a algún complejo de culpa debe responder el silencio–, la clasificación nacional de ocupaciones de Estadística permite calcular que el club tiene unos 150.000 miembros. Los directores y gerentes empresariales son 60.000 según la encuesta de población activa. Redondeemos la suma de los colectivos: 200.000. De hacer caso a los epidemiólogos, al menos 8.000 son psicópatas puros y están dispuestos a ejercer su poder, cercano a la Licencia para matar de James Bond, uno de los grandes psicópatas de la cultura pop. Usted y su dolor les importan un pimiento. Dispararán con una mano sin derramar una gota del martini que sostienen con la otra.
¿Una tropa de caníbales sedientos de sangre y mutilación como en las películas de serial killers? Ajustemos la terminología. El psicópata es una persona que carece de remordimientos, tiene los mejores recursos para manipular a los demás y no experimenta por ellos ningún grado de empatía (la capacidad de percibir lo que otro siente). No se trata de los criminales que el cine ha convertido en héroes. Los asesinos en serie son seguramente psicópatas, pero la afirmación no es válida si invertimos los factores: los psicópatas no siempre son criminales. Los segundos, sobre todo los asesinos en serie, son una excepción social. Los primeros, no.
“Nadie sabe cuántos hay en cada sector, pero en mi práctica los he encontrado en todos”
“Están presentes en cualquier organización, también en los gobiernos. Por su propia naturaleza, a los psicópatas corporativos les atraen los negocios, el dinero rápido, la ausencia de reglas. Nadie sabe cuántos hay en cada sector, pero en mi práctica los he encontrado en todos”, nos dice en una entrevista este cazador de “depredadores sociales”.
“tienen poderosas dotes para la manipulación personal o sexual, gran capacidad verbal, compulsiva tendencia a la mentira, egocentrismo maquiavélico y desproporcionado”
El canon psiquiátrico define al psicópata –también llamado sociópata, un término más light en apariencia– como alguien incapaz de empatizar ni sentir culpa. No se queda ahí el retrato de estos seres parasitarios: tienen poderosas dotes para la manipulación personal o sexual, gran capacidad verbal, compulsiva tendencia a la mentira, egocentrismo maquiavélico y desproporcionado, propensión al aburrimiento, encanto superficial… Como dice Hare, “carecen de todas las cualidades que permiten a un ser humano vivir en armonía social”, pero gozan, añade el profesor universitario de Psiquiatría y Criminología Leopoldo Ortega-Monasterio, de “un perfil perverso y narcisista” e “incluso seductor” que viene muy bien si estás al mando.No se considera una enfermedad mental
“Desde 1992 la psicopatía no es una enfermedad mental,”
Son los psiquiatras los que por votación deciden que cosa sera o no será enfermedad mental. (Nota de CCDH)
Desde 1992 la psicopatía no es una enfermedad mental, según la Organización Mundial de la Salud –lo que más se le parece es el trastorno antisocial de la personalidad, pero este conlleva impulsos agresivos y tendencias delictivas que los grandes psicópatas no siempre comparten–. Con un impacto equivalente al de la esquizofrenia en términos de afectados y coste social, los psicópatas se mantienen dentro de una coraza impermeable al tratamiento. Se les puede imputar penalmente según el Código Penal, pero es difícil pillarlos, sobre todo a los más espabilados.
El psicólogo forense José Manuel Pozueco Romero dice que nos enfrentamos a la “pandemia de la modernidad” y tiene claro que entre nuestros líderes políticos y financieros abundan estos “locos sin delirio”, como les llamó en el siglo XIX el psiquiatra francés Philippe Pinel, el primero que definió la psicopatía. “La labia o verborrea tan falsas con que disparan sus frases más o menos ingeniosas, el encanto superficial, etcétera. ¿Cuántas veces habremos oído a ciertos políticos y demás retractarse de sus palabras molestas e hirientes […] y después han vuelto a reincidir? ¿De verdad creen ustedes que lo sintieron?”, se pregunta.
“actúan a plena conciencia y voluntad: saben perfectamente lo que hacen, quieren hacerlo y, además, ponen los medios necesarios para que sus propósitos o fines se vean colmados”
El autor de la última obra citada en esta lista, el psiquiatra estadounidense Nassir Ghaemi, realiza un perfil de algunos personajes históricos con alto grado de comportamiento psicopático, no psicótico, recuerden: no hablamos de alucinados que sintonizan con voces en el interior de la mente, sino de personas que, dice Pozueco, “actúan a plena conciencia y voluntad: saben perfectamente lo que hacen, quieren hacerlo y, además, ponen los medios necesarios para que sus propósitos o fines se vean colmados”. Abraham Lincoln, Richard Nixon, Bill Clinton, John F. Kennedy, Ariel Sharon, Madoff, Rupert Murdoch, Michael Milken –inventor de los bonos basura–…, el análisis de sus personalidades no se entiende sin el componente de la egolatría y el desentendimiento del dolor ajeno.
“¿Hasta qué punto estamos en manos de psicópatas de esta calaña: sujetos incorporados socialmente pero faltos de conciencia, capaces de lo peor, de sembrar la destrucción sin pestañear, de tomar lo que desean y cuando lo desean, de vampirizar al prójimo, de utilizarlo a su antojo y, una vez exprimido, arrojarlo al cubo de los residuos orgánicos”
¿Hasta qué punto estamos en manos de psicópatas de esta calaña: sujetos incorporados socialmente pero faltos de conciencia, capaces de lo peor, de sembrar la destrucción sin pestañear, de tomar lo que desean y cuando lo desean, de vampirizar al prójimo, de utilizarlo a su antojo y, una vez exprimido, arrojarlo al cubo de los residuos orgánicos, “depredadores de su propia especie”, como los llama Hare? Las opiniones sobre la prevalencia de los psicópatas integrados, de cuello blanco o subclínicos son divergentes, pero tienen una base común: los expertos no se ponen de acuerdo en cuántos son, pero sí coinciden en que son suficientes para hacer mucho daño.Los escáneres cerebrales de los psicópatas son diferentes. La zona límbica, donde se gestionan las respuestas emocionales, no cambia de color como resultado de un estímulo (un recuerdo doloroso, por ejemplo). Los psicópatas son seres fríos, no procesan las emociones. Este es su retrato robot según los psicólogos. Locuaces y encantadores. Sentido desmesurado de la autovalía y un egocentrismo maquiavélico. Mentirosos patológicos. Manipuladores. Sin remordimientos ni vergüenza. Insensibles, faltos de empatía. No les importan las consecuencias de sus actos. Desarrollan relaciones afectivas superficiales, pobres y poco profundas. Incapaces de sentir amor o compasión. Tienen tendencia al aburrimiento. Llevan un estilo de vida parasitario, aprovechándose de los demás. Impulsivos. Faltos de juicio y perspectiva. No aprenden de la experiencia. Irresponsables. Sexualmente promiscuos. Inmunes al estrés.”



